En el día de la fecha se conmemoran 64 años del inicio de la Resistencia Peronista. Resistir y persistir forma parte del ADN de lxs compañerxs que reivindicamos la empresa del General Perón, y que batallamos en el campo de las ideas con el único norte de Liberar a la Patria de sus ataduras. En homenaje a aquellxs héroes, desde este Blog lanzamos el suplemento: “Junio, Mes de la Resistencia: Proscripción, Mística y Aguante”. En esta ocasión, entrevistamos a la Compañera Amira Curi, integrante de la Mesa de Conducción Nacional de la Organización Peronismo Militante y subsecretaria de Derechos Humanos del Partido de La Matanza. En sus reflexiones, causa y consecuencia de su militancia cotidiana, nos formamos aquellxs que ansiamos ver la Justicia Social realizada, el Pueblo Feliz y la Patria Grande.
En el marco de este mes, plagado de hechos históricos que signaron tanto la violencia oligárquica como la Resistencia Peronista, ¿Qué significado tiene para vos la Resistencia en nuestro movimiento? ¿Cuál consideras que fue el rol de la militancia en ese proceso de resistencia durante 18 años?
Dentro del Movimiento Nacional de Liberación que nos convoca, nos contiene como Pueblo, y que nos da razón de ser a lxs que somos militantes comprometidos, la Resistencia podríamos observarla desde dos dimensiones: una es la coyuntural (concreta y táctica) y otra espiritual (por la trascendencia y lo simbólico de la misma). Como militantes, debemos plantearnos el “pasado” y la Historia como madre de la política; entonces, si no somos capaces de poner cada acción en su debido contexto podemos pecar, en principio y con menor daño, de nostálgicos de lo jamás vivido, y en segundo lugar y no por eso menos importante, algo más peligroso que es terminar haciendo malos análisis de la realidad sobre la que nos toca operar como actores políticos actuales.
Entendiendo la Resistencia como un acto libertario, de voluntad y de fe, la historia argentina está plagada de resistencia, y la vemos a través de los tiempos. Si hablamos puntualmente de la Resistencia Peronista, evaluamos una situación particular que se dio durante un período histórico concreto, que fue eficaz a los fines que se propuso y que no nació de un repollo, sino de una larga tradición de lucha de nuestro pueblo, que cargan en sus espaldas y en su ADN los argentinos y las argentinas, y que nos condiciona como actores sociales y políticos.
Esas dos dimensiones, en una sana armonía, nos permiten realizar una lectura más acabada sobre lo que significó y significa hoy la “Resistencia” siendo éste un concepto tan amplio.
En su dimensión coyuntural, la Resistencia surge como necesidad del pueblo peronista de evitar perder lo conquistado, llevando adelante acciones poco coordinadas, espasmódicas, descentralizadas, que carecían de una estrategia abarcativa, sino más bien como reacción ante una amenaza real y constante, post-bombardeos de Plaza de Mayo. Hablamos de acciones prácticamente foquistas, que no perseguían otro fin más que no perder la visibilidad como sujetos políticos que nos había dado Perón. El miedo a volver a transformarnos en fantasmas inexistentes para la sociedad y para la política, hizo que muchos y muchas peronistas salieran a la calle a ejecutar diversas acciones con precarias herramientas, a los fines de seguir existiendo y defender su participación.

Podríamos pensar que la Resistencia nace el mismo día de los bombardeos, o que nace con Valle, o que nace cuando Walsh visibiliza que “hay un fusilado que vive” en Operación Masacre, casi como un grito de esperanza o signo vital. Lo cierto es que la resistencia es un símbolo que se fue resignificando con el correr de los años y a través de la propia historia del peronismo.
Dentro de la dimensión que planteo como “espiritual y simbólica”, creo que es donde encuentra el pueblo peronista su alma, su latido. Cuando nosotrxs pensamos en que estaba proscripto el partido, intervenidos los sindicatos, incluso hasta prohibida la marcha peronista, resignificamos en una epopeya histórica el hecho de silbar la marcha o robarse un busto de Eva Perón de una plaza. Porque lo más dramático que perdíamos no eran las vacaciones pagas, el aguinaldo, la industrialización, sino lo que significaba en términos sociales de participación democrática ese retroceso. Perón transformó al sujeto social trabajador en un sujeto político: el pueblo peronista empoderado de ninguna manera podía perder eso. Y sin dudas, se lo debemos a esa resistencia maravillosa, que durante 18 años se batió cuerpo a cuerpo con un plan diseñado desde las más altas esferas del poder real, encarnado en sus canallas operadores locales. Destacable el rol que cumplieron los sindicatos durante toda esa etapa, y el pueblo peronista “de a pie”.
Entrados los años 60s, la resistencia peronista entra en una segunda fase, en donde empieza a plantearse ciertas estrategias más vinculadas a recuperar el gobierno y se da la sincronización de los históricos peronistas y sus hijxs, lxs nuevxs. Más y nuevas ideas, nuevas miradas, nuevas experiencias en la región, en fin: comenzó una nueva etapa de la resistencia con la aparición de la juventud y las Orgas, sin dudas. Etapa que se comería la historia Argentina de mediados del siglo XX, y que podríamos aproximarnos a su comienzo con el Cordobazo en el 69 y posteriormente, el mismo dia, pero en el año 70, el Aramburazo.
¿Cómo vinculás ese proceso de resistencia con la Identidad del Peronismo?
La resistencia es constitutiva de esa identidad colectiva. El peronismo es un movimiento resistente desde su génesis porque está en contra de los poderes fácticos, entonces, su lugar será siempre el resistente. Habrá procesos de avances, otros de retrocesos, pero siempre resiste porque le hace frente a un sistema global de intereses que no ponen por delante al humano, ni al trabajador, ni a lxs desprotejidxs. El peronismo considera como únicos privilegiados a los niños, y esa frase es mucho más que un recuerdo nostálgico de quienes eran pequeños en el 45; esa frase condensa una postura moral e ideológica, una manera de plantarse ante el mundo y una filosofía de vida y los márgenes sobre los cuales el Estado peronista debe moverse.
Pensando en la Identidad del Peronismo, marcada también por la Resistencia, ¿Encontrás alguna continuidad desde que se dio aquél proceso hasta hoy?
En términos sociales e históricos, si hablamos de continuidad todo es un proceso, nada es un hecho aislado. Walsh planteaba que la tarea del enemigo consiste en cortar con la cadena de la información, para que cada generación crea que cada lucha arranca desde cero, cuando en realidad nosotros tenemos que recuperar esa cadena para retomar lo mejor de cada una y resignificar las que nos tocan vivir. Por lo tanto, si hablamos de similitudes entre aquella resistencia peronista y la resistencia, por ejemplo, al régimen macrista que nos tocó vivir a nosotrxs como generación, vamos a encontrar la similitud en el proyecto de país que defendemos, pero no en la metodología táctica. Hay una similitud estratégica, que es compartida desde las luchas por la emancipación de America Latina, hasta el día de hoy, que es la contradicción principal de todo pueblo neocolonial que se debate entre ser Patria o ser colonia: LIBERACIÓN O DEPENDENCIA.
Si negamos una continuidad entre los procesos, no entendemos la historia de los Pueblos, y si creemos que todos los procesos son iguales, erramos en la lectura de nuestros tiempos. Hay una directriz ideológica que tiene que ver con la voluntad de los pueblos de resolver su contradicción y de realizarse y ser felices, que nos marca un camino común a través de los años, pero cada etapa tiene su signo diferente, y ahí es donde debemos hacer la lectura correcta: el tiempo y el espacio sobre el que nos toca operar a nosotrxs.
¿Qué relación encontrás entre esos procesos de resistencia, sus consecuencias y la construcción de memoria colectiva impulsada por los organismos de DDHH?
Como dije antes, nada es aislado. Nuestro país tiene tradición de lucha y ha pasado por muchos posesos de resistencia en distintos momentos de la historia. La Resistencia Peronista, pero además, toda la carga simbólica que la antecedía y le otorgaba sentido: guerras gauchas, montoneras federales, vuelta de obligado, Vasena, el “grito de Alcorta”, el 17 de Octubre, etc. Todo esto constituye nuestra identidad como Pueblo y, por lo tanto, como Movimiento Político que interpreta al Pueblo, y funciona como antecedente para que posteriores generaciones forjaran una lucha cuerpo a cuerpo con una Dictadura y un Plan Cóndor.
La memoria colectiva sobre la que trabajan los organismos de DDHH, tiene que ver con un proceso de resistencia ante la impunidad en principio, y a partir del 2003 como reparación histórica, luego de haber pasado muchos años del terrorismo de Estado.
Durante la Dictadura, comienza una resistencia que parió a los organismos de DDHH: es la de las Madres y las primeras rondas, visibilizando la desaparición de sus hijos e hijas por razones políticas. Algunos años después, aún en dictadura, por distintos intereses en la búsqueda, se dividen y nace Abuelas, que tiene una lucha vinculada a la búsqueda y restitución de nietos y nietas. Tanto Madres como Abuelas, tienen una historia maravillosa y llena de lucha, muy profunda y muy inspiradora, además de haber hecho aportes concretos a la Argentina en materia, por ejemplo, de genética y de avances en la ciencia como por ejemplo el índice de abuelidad (un estudio genético que no existía en nuestro país y que existe gracias a ellas). Resistencia a la Obediencia debida, al Punto Final, al olvido y a la impunidad. Resistencia cultural y frente a la construcción del “sentido común” de los 80s, porque la Argentina post dictadura fue un país donde la CoNaDep y el Nunca más (que han aportado valiosos testimonios e información relevante a la hora de los juicios) plantearon la teoría de los dos demonios, y el Poder Político y Judicial se jactó casi heroicamente de haber juzgado a las Juntas Militares, cuando está claro que para llevar adelante un genocidio que dejó 30.000 desaparecidos y miles de asesinados, con esas condenas no se había hecho justicia.
Más tarde, en los 90s, nace H.I.J.O.S, otro organismo importantísimo de nuestro país, más vinculado a los escraches a genocidas, porque en los 90s el Ejecutivo Nacional otorga los indultos. Todo ese proceso es claramente de resistencia permanente: al Poder político, al poder Judicial, al olvido y a la impunidad.
En el 2003, cuando asume Néstor Kirchner, a las primeras que recibió en la Rosada fue a las Madres y Abuelas. En el año 2004, toma la decisión histórica de entrar a la Esma, junto a H.I.J.O.S, sobrevivientes y Jueces. Empieza el fin de la impunidad, con la puesta en marcha de los Juicios. Juicios REALES, Megacausas, con investigaciones muy serias, nunca antes hechas, que pusieron en evidencia el Plan Cóndor, los expedientes de la CIA (como por ejemplo el famoso expediente con sello y membrete de la CIA que se titula “WALSH, RODOLFO”), entre muchísimos datos más, absolutamente escalofriantes. Hay que tener en cuenta que el Estado Argentino le dio “vía libre” a esa impunidad durante más de veinte años, y el primer Presidente que vino a hacerse cargo y a pedir PERDÓN en nombre del Estado “por la vergüenza de haber callado por más de veinte años”, en palabras inolvidables de él durante su asunción, fue Néstor.
Comenzó un período de investigación judicial, excavaciones forenses, prisiones con cárcel común, y una puesta en valor de una generación que dio todo y dejo todo por una Argentina más justa. Durante 12 años seguidos nuestro país llevó esas banderas y esa resistencia a un programa de Estado transformado en políticas públicas de reparación para las víctimas y sus familiares, de concientización de cara a la sociedad y sobretodo cultural, para sanear el duelo que nuestro pueblo aún vive, y sobre una herida que jamás dejará de estar abierta para todxs lxs argentinxs.
Otras notas que te pueden interesar:


Comentarios
Publicar un comentario